miércoles, 27 de abril de 2016

EL GLUCOGENO, COMBUSTIBLE PRINCIPAL DEL DEPORTISTA

Fitness y alimentación
Es un conjunto de moléculas de glucosa disponibles para generar energía inmediata. Es decir, la moneda energética para la actividad física intensa.


Escrito por  Juan Martín Romano / Para Clarín Buena Vida
www.clarin.com 


La nutrición es una ciencia novedosa dentro de la medicina. Es una de las especialidades con mayor crecimiento durante estos últimos años, y aunque suene extraño, es una de las áreas de la que menos se sabe.

Comer, comemos todos, y como es algo que hacemos todos, nunca faltan los opinadores de todos los temas. En el campo de la nutrición deportiva circula, tanto en internet como en revistas de divulgación, muchísima información que confunde y propone absurdos.

Las personas acostumbradas a entrenar o competir de manera intensa (ya sea en fútbol, running, rugby, crossfit, por ejemplo) conocen por propia experiencia lo que significa el no haberse alimentado correctamente la noche anterior, o simplemente no haber desayunado “al menos” con unas tostadas con miel una hora antes de salir a entrenar.

El glucógeno es la moneda energética para la actividad física intensa. Es un conjunto de moléculas de glucosa disponibles para generar energía inmediata. 

¿Dónde almacenamos estas reservas de energía? 

Los dos "depósitos" de glucógeno son el hígado y el músculo. Mientras se practica deporte, es importante la utilización de una u otra fuente, ya que tienen funciones diferentes.

Del total de glucógeno almacenado en un sujeto de 150 libras de peso (70 kg aproximadamente), de 400-500 gramos, unos 400 gramos corresponden al glucógeno muscular, y 80-100 gramos al glucógeno hepático.

1. El glucógeno muscular 

Debe abastecer las necesidades del músculo durante la actividad deportiva. El almacenamiento de glucógeno en los músculos se agota sistemáticamente durante el ejercicio. La tasa de agotamiento depende de la intensidad del ejercicio y de la cantidad de glucógeno almacenado en los músculos antes de comenzar el entrenamiento.

En 15 minutos de ejercicio muy intenso puede agotarse del 60% al 70% del glucógeno almacenado en los músculos. El agotamiento total puede producirse después de 90 minutos de ejercicio intenso, o menos. Una vez agotado este glucógeno se necesitan de 48 horas para reponer las reservas de glucógeno en los músculos.

Cuando se sigue una alimentación deficitaria en hidratos de carbono se necesitan no menos de 5 días de recuperación, es por eso que para reponer el glucógeno utilizado se aconseja establecer planes de alimentación donde al menos el 60% de las calorías totales del plan provengan de los carbohidratos. 

2. El glucógeno hepático
 
Regula la concentración de glucosa en sangre, y es esta glucosa la que alimenta el cerebro de forma constante (el cerebro no dispone de reservas y sólo puede utilizar glucosa como fuente de energía). 

Si el cerebro está bien alimentado, garantiza la capacidad de concentración y un buen estado de ánimo. No es casualidad que las lesiones durante una competencia exigente aparezcan después de una hora de haber comenzado el evento, cuando las reservas de glucógeno están cercanas a agotarse.

Las reservas de glucógeno en el hígado son mayores después de las comidas pero disminuyen entre las mismas y especialmente durante la noche y el ayuno, ya que se degrada el glucógeno hepático para mantener normales los niveles de glucosa en la sangre.

Tipos de carbohidratos


A intensidades mucho mayores (crossfit por ejemplo), el organismo comenzará a utilizar cada vez más glucógeno. Por este motivo, durante las actividades deportivas de alta intensidad, los hidratos de carbono pasan a ser el combustible más importante. 

Los hidratos de carbono son indispensables para la formación de glucógeno muscular y hepático y de la glucosa sanguínea y cumplen un papel primordial en la alimentación del deportista. 

Las cantidades suministradas por la alimentación varían en función del tipo de esfuerzo que se realice cotidianamente y de las necesidades individuales. 

No está justificado enriquecer la alimentación con productos azucarados fuera de los períodos de entrenamiento o competición, ya que esto conduciría a un aumento de peso excesivo. 

Los deportistas que consumen dietas con suficiente cantidad de hidratos de carbono pueden mantener el entrenamiento intenso por periodos más largos de tiempo, a diferencia de aquellos que consumen dietas pobres en dichos nutrientes. 

Los hidratos de carbono sencillos o de rápida asimilación (los que tienen sabor dulce: azúcar, mermelada, miel, gaseosas azucaradas, etc.) no deben suponer más del 10-15% del total energético de la dieta diaria; es decir, unos 70 gramos en una dieta de 2800 kcal (1 gramo de hidrato de carbono suministra 4 Kcal). 

El resto de hidratos de carbono se debe cubrir mediante una ingesta adecuada de cereales (arroz, trigo, avena), legumbres y papas, alimentos ricos en hidratos de carbono complejos (almidón), de absorción más lenta y gradual que los sencillos. 

Los hidratos de carbono complejos son de absorción lenta, lenta digestión y lenta combustión a energía. Ejemplo: pan, arroz, pasta, patatas, legumbres, cereales... Deben ser los alimentos más abundantes en la dieta del deportista. 

¿Qué ocurre cuando las reservas se agotan o son insuficientes?

Si la cantidad de glucógeno es escasa, la consecuencia directa es la fatiga y el descenso en el rendimiento deportivo, de ahí la importancia de realizar una dieta adecuada, con suficiente cantidad de alimentos ricos en hidratos de carbono, especialmente complejos.

*El autor es médico clínico especialista en Nutrición, miembro de la Sociedad Argentina de Nutrición.

Responsable del programa www.comerdespierto.com; jmartinromano@gmail.com.

jueves, 21 de abril de 2016

10 consejos de hidratación para tus entrenamientos

Tomada de la pagina atletas.info

Observa rápidamente en esta nota los puntos claves para lograr una buena hidratación en tus períodos de entrenamientos.


  1. No esperes a tener sed para hidratarte porque éste ya es un síntoma de deshidratación.
  2. En la recuperación, además de tomar mucho líquido debés comer alimentos frescos como frutas y verduras que contienen agua en su composición.
  3. Averigua tu taza de sudoración y debes reponer los líquidos de acuerdo con la cantidad que pierdes durante la actividad.
  4. Ingiere unos 400-600 ml de agua de 1 a 2 horas antes de entrenar para empezar la actividad bien hidratado.
  5. Durante la actividad incorpora líquido de a poco para evitar molestias en el estómago.
  6. Las primeras señales de la deshidratación incluyen aumento de la sed, náuseas, sequedad de boca, color blanquesino en la lengua, dolor de cabeza, mareos y orina de color amarillo oscuro.
  7. La reposición de líquidos después del ejercicio es fundamental para la adecuada recuperación y debe iniciarse tan pronto como sea posible.
  8. A diferencia del agua, las bebidas deportivas te ayudan a reponer la energía, los minerales y el agua que se pierden durante el entrenamiento o cualquier actividad deportiva.
  9. Una correcta hidratación te permite cuidar tu salud y mantener un óptimo rendimiento tanto físico como mental.
  10. Siempre toma líquido antes, durante y después de la actividad física.

martes, 2 de febrero de 2016

LAS PULSACIONES EN EL ENTRENAMIENTO AEROBICO



Tomado de la página www.hepltrainer.com
 
Las pulsaciones a las que late nuestro corazón es una medida bastante fiable acerca del ritmo al que nos estamos entrenando. Es un método de medición sencillo y muy extendido.



La teoría


Cuando realizamos una actividad física, nuestros músculos demandan oxígeno para ser utilizado como combustible. Producen desechos de esa combustión y todo ese material debe ser suministrado y eliminado a través de la sangre. De todo esto se encarga el corazón.

Cuanta mayor es la intensidad mayor debe ser la cantidad de sangre que fluye hacia los músculos. De esta manera, nuestro corazón aumenta el número de latidos por minuto (frecuencia cardíaca) para satisfacer toda esta demanda.
La práctica

La teoría dice que si demandamos energía, nuestro corazón aumenta su velocidad y satisface esa demanda. Sin embargo, en la práctica esto no es así de sencillo. No somos máquinas y por lo tanto, la capacidad de funcionar a unos límites es finita, es decir nos cansamos y debemos detenernos porque nos quedamos sin combustible.



Deportistas principiantes

Cuando somos principiantes, nuestro sistema circulatorio es poco eficiente. No estamos acostumbrados a grandes esfuerzos, por lo tanto, nuestros pulmones, toman poco oxígeno y nuestro corazón es pequeño.

Con la práctica deportiva, vamos ganando en eficiencia, nuestros pulmones son capaces de absorber cada vez más oxígeno y nuestro corazón se hace más grande y fuerte y por lo tanto aumenta su capacidad para satisfacer la demanda de nuestros músculos.

Cuando comenzamos a practicar deporte, cualquier esfuerzo prolongado hace que nuestra frecuencia cardíaca alcance niveles altos, nuestra respiración también se acelera. Es algo normal y a todos nos ha ocurrido. Tenemos poca resistencia porque no podemos satisfacer las demandas de nuestros músculos.

Es decir, cuando somo principiantes vamos casi siempre al límite y cualquier esfuerzo extra nos hace detenernos porque necesitaremos descansar. Nuestras pulsaciones serán muy altas a poco que nos excedamos un poco.

Por lo tanto, el entrenamiento que todo deportista debe realizar al principio está encaminado a mejorar su eficiencia energética. Esto se consigue realizando entrenamientos a ritmo suave y de larga duración. Una persona que comienza no es capaz de aguantar mucho tiempo ejercitándose a una elevada intensidad. En estos casos el entrenamiento por pulsaciones es poco fiable porque enseguida alcanzamos niveles muy altos.



Deportistas intermedios y avanzados 

Con el paso del tiempo, nos hacemos más eficientes. Nuestro corazón ha crecido, se ha hecho más fuerte. Somos capaces de hacer esfuerzos con un pequeño aumento de nuestras pulsaciones y somos capaces de aguantar más tiempo ejercitándonos a pulsaciones elevadas.

Las principales diferencias entre un deportista principiante y uno intermedio o avanzado. Su capacidad para aguantar esfuerzos prolongados y de larga duración. Es capaz de aumentar sus pulsaciones ante un esfuerzo grande y volver a un ritmo menor sin que para ello tengamos que detener el entrenamiento.

Un deportista es más eficiente que una persona sedentaria. Es capaz de realizar esfuerzos mayores con un menor gasto energético. Se recupera mucho mejor de un esfuerzo elevado o es capaz de alternar esfuerzos medios y elevados durante espacios de tiempo prolongado.

Por eso, cuando ya tenemos cierta forma física, podemos comenzar a entrenar a diferentes intensidades pues nuestro cuerpo las podrá asimilar. Antes incluso podría ser perjudicial.

Resumen

Las pulsaciones de nuestro corazón determinan la intensidad de nuestro esfuerzo. Cuando somos principiantes, cualquier esfuerzo pequeño hace que nuestro corazón eleve mucho sus pulsaciones. Debemos ser cuidadosos con el ritmo al que entrenamos. Cuando tenemos experiencia, nuestro corazón late más despacio y es capaz de aguantar esfuerzos mayores durante más tiempo. El ritmo al que entrenamos puede aumentar y es recomendable forzar a nuestro cuerpo hasta el límite.